La OMS define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, una definición fundamental adoptada en su Constitución de 1948 que enfatiza un enfoque holístico e integral del bienestar humano. Esto significa que la salud abarca el funcionamiento óptimo del cuerpo, la mente y la interacción social, reconociendo que factores como la nutrición, la vivienda, el ambiente y las necesidades emocionales son cruciales para el bienestar general, no solo la falta de enfermedad.

Con una visión integradora de la salud tal como plantea la OMS y combinando la definición clásica de la noción de equilibrio que recoge la Medicina Tradicional China (MTC), la importancia de la inteligencia emocional y la idea de un flujo armónico de las corrientes bioenergéticas según Antonio Masunaga (Shiatsu japonés) y ciertas corrientes naturistas europeas, quiero recoger en el siguiente escrito una idea completa de lo que puede suponer en concreción lo que determina el concepto "tener salud" en el día de hoy:

Hablar de salud es hablar de una aspiración universal. Desde mediados del siglo XX, la Organización Mundial de la Salud propuso una definición que marcó un antes y un después: la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino un estado de completo bienestar físico, mental y social. Esta visión, adelantada a su tiempo, abrió la puerta a comprender que el ser humano es un sistema complejo donde cuerpo, mente y entorno se influyen mutuamente.

Sin embargo, para entender en profundidad qué significa vivir en bienestar, es útil ampliar esta perspectiva con otras tradiciones que llevan milenios reflexionando sobre el equilibrio humano. La Medicina Tradicional China (MTC), por ejemplo, concibe la salud como un estado dinámico de armonía entre las fuerzas internas del organismo y las condiciones externas que nos rodean. No se trata de un equilibrio rígido, sino de una capacidad de adaptación constante frente a los cambios del día a día.

Si aceptamos que la salud implica equilibrio, entonces la gestión emocional se vuelve un pilar fundamental. La inteligencia emocional —la capacidad de reconocer, comprender y regular nuestras emociones— actúa como un puente entre el bienestar psicológico y el físico. Las emociones no son fenómenos abstractos: se expresan en el cuerpo, modifican la respiración, alteran la postura, tensan o relajan los tejidos, y afectan directamente al flujo bioenergético.

Una emoción sostenida en el tiempo, mal gestionada o reprimida puede convertirse en un bloqueo energético. Por el contrario, una emoción reconocida y procesada adecuadamente favorece la fluidez interna y refuerza la capacidad del organismo para mantenerse en equilibrio.

Entendamos cómo se generan la emociones y la capacidad de gestionarlas de que dispone el ser humano. Entendiendo un organismo individual como el compendio de varios elementos que deben estar en perfecta armonía. Quiero que entienda el siguiente hecho:

El esqueleto adulto tiene 206 huesos. Las listas anatómicas detalladas suelen incluir alrededor de 640 músculos esqueléticos, aunque algunas variaciones anatómicas pueden aumentar o disminuir ligeramente esa cifra.

Según fuentes especializadas, no es posible contar los nervios de forma precisa, porque: Los nervios son ramificaciones del sistema nervioso periférico, que se subdividen en miles de ramas cada vez más pequeñas. Depende de si se cuentan solo los troncos nerviosos principales o también las ramificaciones microscópicas. A nivel celular, el sistema nervioso contiene aprox. 86.000 millones de neuronas solo en el cerebro, lo que hace imposible dar un número único de “nervios”. Lo que sí se puede decir es que existen pares de nervios craneales (12) y pares de nervios espinales (31), pero eso no refleja la complejidad total del sistema.

La ciencia sí ofrece estimaciones bastante sólidas sobre la cantidad de capilares que conectan la sangre arteriosa con la venosa, aunque no existe un número exacto porque varía según la persona, el tejido y la metodología de conteo. La red capilar humana está formada por alrededor de 10.000 millones de capilares según estimaciones clásicas de fisiología. Otras fuentes amplían el rango y estiman entre 10.000 millones y más de 100.000 millones de capilares.

Estas cifras no son contradictorias: reflejan que el número exacto depende de factores como tamaño corporal, masa muscular, irrigación de órganos y variaciones anatómicas.

Cada tejido tiene densidades distintas que hace que los capilares sean microscópicos (5–10 micrómetros de diámetro) y extremadamente numerosos:

En músculo y pulmones → muy alta densidad. En tejido adiposo → menor densidad.

La red cambia con el entrenamiento físico, la edad, enfermedades y el estilo de vida. Muchos capilares pueden estar cerrados o abiertos según la demanda metabólica del tejido.

Los capilares son el puente fisiológico entre la sangre arteriosa (rica en oxígeno) y la venosa (rica en CO₂). Son el lugar donde ocurre:

  • Intercambio de oxígeno y dióxido de carbono

  • Entrega de nutrientes

  • Retiro de desechos

  • Regulación térmica

  • Intercambio hormonal

Son, literalmente, el punto donde la vida celular se sostiene. ¿Cómo ha evolucionado un ser humano desde que es engendrado?

1.Evolución y mutaciones en el embrión humano: 🧬

Durante millones de años, las mutaciones del ADN, influenciadas por partículas cósmicas y cambios atmosféricos, moldearon la forma humana. Así, los primeros humanos fueron fruto de una larga metamorfosis, hasta que hace unos 18.000 años comenzaron a dejar huellas escritas de su existencia, dando inicio a la historia que conocemos.

En esta evolución los seres vivos adquirieron, partiendo de las dimensiones mentales y átmicas, con el aliento del influjo del Gi la diferenciación personal en cada ser humano de los distintos cuerpos que la cultura védica indhú explica.

Recordemos (Ver:) que el cuerpo humano se subdivide en varios cuerpos:

  • Cuerpo físico

  • Cuerpo etérico

  • Cuerpo astral-emocional

  • Cuerpo mental

  • Cuerpo causal

  • Cuerpo búdhico

  • Cuerpo átmico

Resumen: Los distintos cuerpos se pueden encuadrar, según la terna cuerpo-mente-espíritu, de la siguiente manera:

  • Cuerpo (cuerpos etérico, físico y linfa).

  • Mente (cuerpos astral y mental).

  • Espíritu (cuerpo causal, bhúdico y Átmico).

Analogía estadística: Asociación de la gestación del ser human@ vs evolución humana. analogía estadística:

1. Formación embrionaria (aproximada)

  • Semanas 1‑2 → tejido mesentérico (páncreas, estómago).

  • Semanas 3‑5 → tejido mesenquemático (pulmón, bazo).

  • Semanas 6‑9 → tejido pectodérmico (intestino grueso, hígado).

  • Semanas 10‑15 → tejido nefrodermo (hígado, vesícula, intestino delgado, riñón).

  • Semanas 13‑18 → tejido cardotérico (corazón, linfa), en diálogo espiritual entre madre y feto, donde se juegan karmas y elecciones de encarnación.

2. Analogía gestación vs evolución humana

  • Primeras semanas (1‑2) → Mesentérico / Tierra

    • Embrionario: formación de páncreas y estómago.

    • Evolutivo: Australopithecus (~4 millones de años).

    • Analogía: el cuerpo físico básico, centrado en nutrición y supervivencia.

    • Peso relativo: 60‑70% de la energía dedicada a lo corporal.

  • Semanas 3‑5 → Mesenquemático / Metal

    • Embrionario: pulmón e intestino grueso.

    • Evolutivo: Homo hábilis (~2,5 millones de años).

    • Analogía: inicio del discernimiento, uso de herramientas, respiración consciente.

    • Peso relativo: 50% físico, 30% mental incipiente, 20% energético.

  • Semanas 6‑9 → Pectodérmico / Madera

    • Embrionario: riñón, vejiga, intestino delgado.

    • Evolutivo: Cromaghón (~400.000 años).

    • Analogía: profundidad, descanso, rituales funerarios → conciencia de la muerte.

    • Peso relativo: 30% físico, 30% energético, 40% mental‑astral.

  • Semanas 10‑15 → Nefrodermo / Agua

    • Embrionario: hígado, vesícula biliar.

    • Evolutivo: Homo erectus (~1,8 millones de años).

    • Analogía: crecimiento, movimiento, expansión territorial.

    • Peso relativo: 40% físico, 40% energético (madera/fuego), 20% mental.

  • Semanas 13‑18 → Cardotérico / Fuego

    • Embrionario: corazón, linfa, maestro corazón.

    • Evolutivo: Homo sapiens (~24000‑18000 años).

    • Analogía: despertar del cuerpo bhúdico y átmico → creatividad, filosofía, religión.

    • Peso relativo: 20% físico, 30% energético, 50% espiritual‑mental.

3. Partiendo desde la gestación embrionaria del ser vivo desde el embrión al feto, se descubre que la formación de los distintos cuerpos se derivan diferencias entre ambos sexos. Pensando en el sistema hormonal desde la formación de la glotis, faringe hasta algunas características intestinales y sobre todo las gónadas podemos determinar que tal sistema y sus implicación en los sistemas endocrino y exocrino presenta diferencias entre el hombre y la mujer.

Las diferencias principales y que eran evidentes hasta no hace más de cuatro décadas en cuanto a la secreción de estrógenos (progesterona, testosterona, aldosterona, cortisol, entre otras) y con lo años y los distintos resultados obtenidos en diferentes estudios e investigaciones se han observado diferencias en las manifestación de las hormonas tiroideas asociadas al crecimiento y el desarrollo de las particularidades que diferencias sexualmente el hombre de la mujer.

Aquellas diferencias se ajustan a las características que se asumen a un hombre y a una mujer con respecto a la sexualidad y a las emociones que la época adolescente se sugieren en contraste estadístico entre ambos sexos, apareciendo rasgos sexuales antes en las mujeres que en los hombre.

Mientras las emociones relacionadas con la sexualidad en mujeres acontecen antes y sus deseos sexuales se dirigen muchas veces a personajes de mayor edad que suelen admirar, en los hombres suelen pensar en las actividades donde la fuerza se manifiesta principalmente en las actividades físicas. Cuando en el hombre las emociones asociadas surgen quieren sentir el orgasmo durante la masturbación, las mujeres ya han entendido en sus cuerpos aquellas emociones que surgen en sus autoexploraciones personales.

Las relaciones, en la adolescencia, suelen ser frustrantes ya que las mujeres piensan en tener relaciones que se comparen a lo que ellas han observado en sus cuerpos (principalmente físico, astral, etérico), incluso esperando mejorarlos debido a su mayor capacidad de empatía comparable en esas edades. En el hombre, sin embargo, por experiencia a no sentir la misma idea en la relación sexual se suele focalizar en la eyaculación como el único momento de excitación positiva orgásmica.

Suele ocurrir estas diferencias de ideosincrasia entre la mente femenina y la masculina dado, quizá por educación además de genética, explicada por el campo de la epigenética, que da razones físicas a "porqué las emociones maternales" son evidentes en mujeres adolescentes y sin embargo las emociones paternales no aparecen hasta el ser adulto. Estas últimas se asocian con la capacidad de tener una vida con trabajo digno y sueldo remunerado, con la dignidad eso aporta en cuanto a la seguridad y autoestima y confianza, muchas veces en detrimento de una saludable relación sexual en pareja.

a.Las Diferencias entre los sexos en gestión emocional que pueden llevar a somatizar distinto

Cuando hablamos de somatización nos referimos a expresar o vivir emociones y conflictos psicológicos a través de síntomas físicos reales (dolor, fatiga, problemas digestivos, contracturas, migrañas, etc.) sin que haya una causa médica suficiente que lo explique.

Los estudios no son tan claros como los tópicos. Hay investigaciones que muestran mayor reporte de síntomas somáticos en mujeres, pero cuando se ajusta por otros factores (depresión, ansiedad, roles de género, uso de servicios sanitarios, etc.), las diferencias se vuelven menos evidentes o desaparecen.

En cualquier caso en la somatización, aunque de forma diferente, el patrón es común:

En los dos casos: la emoción que no se reconoce / no se permite / no se expresa → cuerpo como salida para expresar una patología.

b.El resultado de la gestión de las emociones es diferente y lo más importante: más que el sexo, importa cómo te enseñaron a sentir. Algo clave que muchas veces se pasa por alto: el género no lo explica todo.

Influyen mucho:

  • La historia personal: traumas, pérdidas, crianza, violencia, figuras de apego.

  • Tu cultura y tu familia: qué emociones eran “aceptables” y cuáles no.

  • Tu carácter: hay personas más sensibles, más racionales, más intuitivas.

  • Tu contexto actual: trabajo, pareja, carga mental, precariedad, maternidad/paternidad, etc.

Algunas preguntas que suelen ayudar a entender tu propia somatización:

  • ¿Qué emociones te cuesta más permitirte? (tristeza, rabia, miedo, sentirte débil, necesitar a otros).

  • ¿Cuando te duele algo, qué estaba pasando en tu vida los días/semanas anteriores? Discusiones, cambios, preocupaciones, cargas, sensación de no poder más.

  • ¿Qué te enseñaron de pequeño sobre llorar, pedir ayuda, enfadarte?

  • ¿En tu entorno, qué se espera de ti por ser mujer/hombre? ¿Ser fuerte? ¿Ser cuidadora? ¿No molestar? ¿Ser siempre “competente”?

Muchas veces, el cuerpo está gritando lo que la mente lleva tiempo callando. Por eso, dos mujeres pueden somatizar de formas totalmente distintas, y lo mismo entre hombres. El cuerpo no responde a “ser mujer” o “ser hombre” en abstracto, sino a cómo has tenido que sobrevivir emocionalmente.

A las mujeres se les permite más por cultura y educación:

  • Hablar de tristeza, miedo, inseguridad.

  • Buscar apoyo emocional.

  • Llorar o pedir ayuda.

  • Tienden a conectar y nombrar más emociones, pero también se les carga con más responsabilidad emocional (cuidar, sostener, conciliar).

  • El exceso de exigencia y de cuidado a los demás puede hacer que el cuerpo sea “el único lugar” donde sale el malestar: dolores, cansancio extremo, alteraciones menstruales, migrañas, problemas gastrointestinales, etc.

  • De forma comparativa a nivel general (no absoluto) las mujeres somatizan en síntomas (tendencias más frecuentes):

Síntomas:

  • Dolor crónico (cabeza, cuello, espalda).

  • Síntomas gastrointestinales (colon irritable, náuseas, molestias digestivas).

  • Fatiga, sensación de agotamiento.

  • Trastornos relacionados con el ciclo menstrual, migrañas.

Emociones de fondo frecuentes:

  • Culpa, miedo a fallar, preocupación por los demás, tristeza, sobrecarga.

  • Muchas veces ligadas a cuidado excesivo de otros, relaciones, autoexigencia.

A los hombres se les permite más por cultura y educación:

  • Expresar rabia, irritación, orgullo.

  • Ser “autosuficientes”.

  • Reprimir o minimizar vulnerabilidad (“no llores”, “sé fuerte”).

  • Tienden a no identificar tan bien ciertas emociones internas, sobre todo tristeza, miedo, vergüenza; aparecen como “estrés”, cansancio o mala leche.

  • Al no expresar emocionalmente, es frecuente que el cuerpo hable por ellos: tensión muscular, dolores de espalda, problemas cardíacos relacionados con estrés, insomnio, consumo de alcohol/tabaco, etc.

  • En hombres (tendencias más frecuentes) la somatización en síntomas (tendencias más frecuentes):

Síntomas:

  • Contracturas, dolor muscular, cefaleas tensionales.

  • Problemas cardiovasculares asociados a estrés crónico.

  • Insomnio, irritabilidad, sensación de presión física.

  • A veces somatización mezclada con conductas de escape (alcohol, trabajo excesivo).

  • Emociones de fondo frecuentes:

  • Rabia contenida, vergüenza por sentirse vulnerables, miedo al fracaso, sensación de no poder “aflojar”.

En definitiva: Es evidente que "El cuerpo femenino" es diferente al masculino y lo demuestra su anatomía pero además hay diferencias que son comprobables fisiológicamente. En particular el sistema hormonal demuestra que las diferencias físicas que pueden posibilitar la "diferencia a la hora de somatizar las emociones bloqueadas" pueden venir de la mano de unas diferencias existentes entre el cuerpo humano masculino y el cuerpo humano femenino desde el punto de vista endocrino/hormonal.

La objetividad empírica desde el campo de la Ingeniería (como es la Biongeniería, Cronobioingeniería y Cronoterapia) demuestra esto último en estudios bioestadísticos partiendo del estudio de las señales biomédicas. Ver más en: Cronobioingeniería

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